Estaba cerca, podía sentirlo. Dobló ansiosa la esquina, segura de que por fin hallaría aquello que buscaba noche tras noche, recorriendo la ciudad dominada por una voluntad que no era suya. Decepcionada, contempló otro callejón vacío habitado únicamente por un gato negro que la miraba receloso. Se adentró en él, dispuesta a seguir buscando. Una voz ronroneante rompió el silencio bajo la luna:

—Deberías pensártelo mejor antes de continuar, mortal.

«Genial, ahora me hablan los gatos. Estoy oficialmente pirada» pensó Ari.

Se arrebujó en su abrigo, morado al igual que el resto de su ropa. Otra de sus locuras, la obsesión por el color morado. Dio un paso más, ignorando la advertencia, y el mundo se transformó ante ella. Desprovisto de colores, todo adquirió un resplandor oscilante entre el gris y el blanco cegador, envuelto en una débil neblina. Otro gato, gris iridiscente, se interponía amenazante en su camino, haciéndose más y más grande al acercarse a ella. Ari retrocedió asustada, hasta rozar el telón invisible que separaba ambas realidades. Detrás del animal, una figura surgió entre las brumas.

—Déjala en paz —dijo el desconocido con voz serena.

—Apesta a humanidad. —El gato permaneció inmóvil—. No puedo dejarla entrar.

—Te lo ordeno —hombre y bestia se sostuvieron la mirada—, mi palabra aún tiene valor.

El felino dudó un instante.

—Necio, conseguirás que te maten —bufó antes de alejarse.

El hombre se volvió hacia Ari.

—Y tú, ¿qué buscas aquí? —preguntó con una expresión indescifrable.

—Una leyenda. La ciudad oculta en la noche, habitada por seres imposibles.

—Nocturnia —anunció él, señalando el reino de luces y sombras a su alrededor—. ¿Pagarás el precio para entrar? —Sonrió mostrando unos colmillos afilados.

—¿Cuál es?

—Tu corazón.

Entonces reconoció su voz. Era la que le susurraba en sueños, guiándola hacia Nocturnia y hacia ese momento. Su eco se coló en su consciencia, recorriéndola, hasta alcanzar un rincón olvidado donde rompió las cadenas que aprisionaban sus recuerdos.

Sus cuerpos entrelazados, mientras soñaban con un lugar donde los seres como ellos pudieran dejar de huir.

La creación de Nocturnia, en la que las tribus sobrenaturales convivirían regidas por ellos, los dos seres más antiguos, poderosos… y letales.

La traición de sus aliados.

Y finalmente, la oscuridad y el olvido.

—Mi corazón siempre ha sido tuyo, Khai. —La niebla ante sus ojos se disipó—. ¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó con su nueva voz antigua.

—Demasiado. —Khai la abrazó, liberándose del dolor de perderla—. Has vuelto, Raeshi. Temía no conseguir hacerte recordar.

—Lograron desterrarme al mundo humano, olvidé quién era.

Él asintió separándose de Raeshi, que se desprendió del abrigo morado. El frío nunca más se atrevería a tocarla. Perdida de nuevo en los ojos violetas de Khai, comprendió la fascinación de su yo mortal por aquel color.

—Juntos recuperaremos lo que nos pertenece —se pasó la lengua por la punta sedienta de sus resurgidos colmillos, recuperando viejas sensaciones—, y nos aseguraremos de que nadie se atreva a intentar arrebatárnoslo jamás.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Bueno, mi comentario se va a resumir en 'plas, plas, plas' (aplausos). Se acabó :) No. Quiero decir algo más: por un momento me ha recordado a Clive Barker y su 'Imagica', o quizá a 'Sortilegio' (libro que TODO amante de la fantasía oscura debe leer. Sí o sí). Vamos, que estoy hablando palabras mayores. Enhorabuena.


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