—Rica, ¿puedes estarte quietecita de una vez y escucharme? —bufó el gato pardo.

—Estoy nerviosa. Me has dado un encargo demasiado grande… —La gatita continuó paseándose por delante del cojín donde estaba tumbado Imán.

—¡Ya me has dado tres coletazos en el morro! —Si Imán hubiera podido poner los ojos en blanco, lo habría hecho—. ¡Para ya!

Ante semejante escándalo de maullidos y bufidos, Ana se asomó desde su habitación. Al verla, Rica corrió hacia ella y se perdió entre los pliegues de su vestido del color de las moras.

—¿Te parezco elegante? —le preguntó al gato mientras se agachaba para acariciar a la pequeña—. Sé sincero.

Osciló su cola en actitud pensativa.

—Te falta el sombrero —dictaminó—. Sin él parece que vas a una cena de gala en el castillo de un señor feudal. Aunque —esbozó una sonrisita—, el toque de una gata blanca en brazos compensaría.

Rica ronroneó y Ana sonrió.

—Tienes razón, Imán. —Le acarició la cabeza con suavidad durante unos segundos.

Volvió a su habitación, dejando a los gatos a solas.

—Es sencillo, Rica. —Imán se volvió hacia ella—. Te lo diré una última vez: debes estar atenta al olor de cualquier contrato que busque aprovecharse del arte de Ana y avisarla para que no lo firme. Para que no firme nada —hizo hincapié en la palabra— durante la cena.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de qué podré hacerlo? —preguntó Rica.

—Lo olerás. —El gato pardo clavó en ella sus pupilas rasgadas.

Notó cómo el pelo donde Ana lo había tocado se erizaba y olisqueó el perfume a acuarelas que desprendía su magia. «Ana es cada día más poderosa», pensó con preocupación. «Y hay muchos intereses mezclados en la cena de esta noche…». Cortó el hilo de sus pensamientos cuando ella apareció de nuevo, con el sombrero negro que señalaba su condición de bruja ocultando su recogido.

—Ahora mucho mejor. —Se colocó una cinta morada alrededor del cuello—. Bajaré antes de que llegue Lucinda. —Chascó los dedos y la cinta se transformó en una bufanda.

—Espera —intervino Imán, saltando con elegancia de su cojín—, llévate a Rica.

Ana fijó sus ojos en él.

—¿Qué pasa, Imán?

—Si hubiera algún peligro durante la cena, ella podrá avisarte antes de que pase algo grave.

La gatita se encogió contra los tobillos de su ama.

—De acuerdo —musitó Ana al fin.

Se agachó, la tomó entre sus brazos y le susurró algo al oído. Antes de que Imán pudiera siquiera lamerse los bigotes, Rica desapareció en el interior del gran sombrero.

—¿Contento? —Ana acarició el lomo del gato antes de alejarse hacia la ventana—. Nada de fiestas mientras no estoy. —Le lanzó un beso y saltó a la calle.

Más tarde, el sonido de la escoba de Lucinda en la noche le tranquilizó. «Al menos, si va con Rica en el sombrero, no firmará ningún contrato comprometido. Esa gatita sabe lo que se hace». Se acurrucó de nuevo en su cojín y cerró los ojos.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Laura_M_A @Folk23 hace 11 meses

    Cuanto tiempo, compi ;) Enhorabuena por el buen puesto, me ha gustado poder leer por fin algo tuyo y espero poder leer alguna cosita más ahora que has vuelto por aquí


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