Llegas tarde. Las cosas se han complicado en la tienda, haciéndote salir una hora después del cierre. Normalmente no te importaría, pero hoy tenías una cita importante.

—¡Mierda, mierda! —maldices al viento.

Recorres a toda velocidad las callejuelas que conducen a la parada de autobús. Dos gatos pardos salen a tu encuentro. Saben que siempre te detienes para ofrecerles galletas.

—Lo siento —te disculpas—, hoy tengo prisa.

Sacas el móvil para avisar de tu retraso y atraviesas la calzada, pero nunca llegas a escribir el mensaje. Un furgón te arrolla, arrebatándotelo todo.

Tendida sobre el asfalto, el dolor nubla tu juicio y la sangre tiñe tu vestido morado. El mundo se torna negro.

De pronto recobras la consciencia, y percibes el sonido de una sirena junto al vaivén de un vehículo que transita deprisa. Abres los ojos y tu visión se empaña por tu propio aliento, una mascarilla cubre tu rostro. Apenas puedes moverte y al intentar hablar, despiertas al dolor más abyecto.

—No te muevas, has tenido un accidente. —El desconocido te inyecta algo y el dolor se apaga un poco—. Estamos llegando al hospital.

Pero no encuentras consuelo en sus palabras. Ella está allí, observándote. Siniestra, decrépita y fría. La muerte ha venido a buscarte. Tu alrededor se desvanece y un espejo emerge entre las tinieblas.

—Tu vida ha sido reclamada. —Su voz es tan áspera que hasta te escuece.

—¿Por quién?

—Por el Universo.

—¿Pero… Por qué yo? —Necesitas entenderlo.

Sin responder a tu pregunta, su mano intangible atraviesa tu pecho, arrancándote el alma. Tu voz estalla, como un volcán ardiente, como la colisión de una estrella, como un centenar de truenos.

Privada de su recipiente, tu esencia palpita en su mano, convertida en una llama azul. La muerte se acerca al espejo, transportándote al otro lado.

Un aprendiz de mago espera junto al estanque sagrado. Recita el mantra y la sombra aparece, ahora transformada en resplandor blanco. Silenciosamente, le entrega tu preciado don. Tu alma le envuelve con un fulgor azulado, abriéndole el camino a la magia.

Concluido el rito, todos se acercan para felicitarle.

—Mamá, ¿de dónde viene la magia? —pregunta la hermana del muchacho.

—Es un regalo de los dioses. —El viento se enreda entre sus cabellos mientras se mofa de su ignorancia.

La gran mentira. La creencia de que la magia es un don que se concede sin ningún precio. Todos ignoran el sacrificio que conlleva al otro lado del espejo.

Ambos mundos transitan como reflejo del otro. Luz y sombra de una misma realidad. Tan solo un vínculo es capaz de conectarlos, tan solo una esencia es capaz de atravesar el espejo. Durante eones la han llamado de muchas formas: alma, vida, magia, gracia, divinidad… La esencia que reside bajo ese título es la misma moldeada de diferente forma y comprendida por juicios diferentes.

Pues el universo se rige por una verdad inamovible:

«La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma».

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Raquel Valle @ValleS hace 11 meses

    Estremecedor (en el buen sentido ;) ) Al empezar a leerlo me esperaba la típica historia del personaje que muere pero no lo sabe hasta que tiene una revelación final, pero al avanzar en la lectura fui descubriendo una historia mucho más original y potente. Todo maravillosamente narrado, hasta el punto de sobrecoger por momentos... Eso también debe ser magia :)

  • Hola. Me tocó comentar el relato y me alegro de que quede en esta posición tan alta. Enhorabuena por el podio :) Un saludo.

  • Laura_M_A @Folk23 hace 11 meses

    Mi favorito entre los tres que me tocaron, me alegro de verlo tan arriba en el podium porque de verdad se lo merece :)


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