Siempre me has pisado los talones. Crees que debería sentirme preocupado, eso quisieras. Podría acabar pudriéndome en la cárcel. Pero a mí me divierte, es nuestro juego, íntimo; y no vas a pillarme. Ahora tú es mi presa, una que voy a cobrar esta noche. Es tu culpa, por dividir tu atención. He aceptado lo de tu mujer, pero lo de ese amante no. Lo que no sabes todavía es que esa infidelidad va a ser lo que concluya este juego a mi favor. Tu amante no es tan listo como lo eres tú, es un hombre descuidado, ni siquiera ha sido necesario un soborno para el que estaba preparado. Unas cervezas con un partido de fútbol y me ha contado todo. Me ha hablado de las apasionadas noches de los martes, de lo que te gusta, de los desayunos de los jueves en esa pequeña cafetería y de las cenas de los viernes. Conocía tus fortalezas, ahora conozco tus debilidades y tus rutinas. Eres predecible.


Es martes, os oigo en la habitación de tu amante, te escucho gritar y quiero que grites para mí una sola y última vez. Sí, cuando has llegado yo ya estaba aquí, tu amante no podría haberlo sabido, y tú te vuelves descuidada. Por eso vas a ser mía esta noche.


Tu amante se dirige a la cocina a por una botella de vino blanco fría para acompañar la música. No lo veo, pero lo sé porque no es la primera vez que estoy aquí, observando. ¿Comprendes ahora cuánto te ha cegado este amor? Vas a morir porque lo mereces. Y él también por ser el culpable de que mueras.


No llega a coger el vino, en el camino encuentra un profundo corte en el cuello y un trapo de cocina en la boca, para que no haga ruido mientras se ahoga con su propia sangre. No llores, inspectora, apenas ha sufrido.


Estás retozando en la cama, despreocupada, feliz; estúpida. Dos pasos rápidos y te inmovilizo bajo mí. Te dejo verme, mi sonrisa ganadora, quiero que sepas que todo este tiempo he sido yo, ahora nos conocemos, en el mejor momento, unos segundos antes de tu muerte. Gritas como quería mientras yo río de pura excitación.


—Adiós, inspectora. Has perdido —te digo con regocijo.


Mi cuchillo corta tu grito. Te escucho morir, veo la vida desparecer de tus ojos desorbitados, te siento morir por tu corazón que deja de golpear mi mano sobre tu pecho, incluso te huelo morir, el olor ácido del miedo. Y no puedo contenerme, mi lengua pasa por el cuchillo para saborearte morir.


Nuestro juego ha terminado, ya no eres nada, espero que el siguiente jugador sea mejor.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.