Fue abrir el buzón y ver aquel sobre con su letra y darme un vuelco el corazón. Supe que Lucas, por fin, se había puesto en contacto conmigo. Me senté en los escalones del portal, abrí la carta y empecé a leer:

“Querida mamá,

¡Al fin puedo escribirte! Quiero que sepas que estoy bien. Es raro vivir en esta sala blanca del laboratorio.

Siento que te enteraras del incidente por las noticias, pero no podía contar nada. Perdóname, sé que he violado nuestra promesa de contárnoslo todo, pero estaba en peligro tu integridad y la mía. Quiero contarte, ahora que puedo, cómo ocurrieron las cosas. 

Cuando mi jefe en la facultad me pidió que lo acompañara a aquella reunión, imaginé que sólo necesitaba apoyo para el proyecto. Sin embargo, lo que me encontré en la sala fue inquietante: un mesa vacía y un bote con una araña dentro. Ante mi cara, Sergio, intentó explicarme el alcance de la investigación que estaba llevando a cabo. Según él, aquel arácnido segregaba una encima que mejoraba la calidad del vino. Las botellas del vino “enriquecido” llegaban a alcanzar los 1200 euros. 

Me impliqué en el proyecto y viajé a Lion, rumbo a un laboratorio agroalimentario. El primer reto fue trasladar en bote en hasta su destino sano y salvo. Esta especie había que mantenerla incomunicada ya que en contacto con otras especies se reproducía rápidamente y dejando de ser pura, su efecto no valía de nada. 

Al llegar a Lion me encontré una sala blanca dispuesta para el experimento. Íbamos a criar en cautividad nuestra araña y dejarlas crecer sobre vides de laboratorio para analizar la calidad de las uvas. 

Poco a poco me di cuenta de que el único integrante del equipo era yo. Solo me explicaron las necesidades y objetivos del programa y me puse manos a la obra. Todo iba sobre ruedas, hasta que una noche antes de abandonar la sala, un ruido llamó mi atención. Me giré para comprobar cómo iba todo y vi cómo varias arañas habían logrado escapar de sus terrarios. Me dirigí a colocarlas de nuevo cuando una de ellas trepaba por mi brazo. Intenté desahuciarme de ella pero era imposible, se agarraba más a y más a mi, hasta llegar a mi cara. La golpeé, la cogí con mi mano y tiré hacia a atrás, consiguiendo librarme de ella.

Me giré y vi cómo aquellos arácnidos habían tomado el laboratorio entero. Entonces, me acordé cómo de niño salvé el pellejo una vez durante una pelea: salte hacia la pared del fondo y aparecí en el jardín exterior de las instalaciones.

Lo demás ya lo conoces por las noticias. Mi jefe y varios catedráticos más, imputados. Y yo, por fin, recuperado y ascendido a responsable de la sala blanca del laboratorio de Lion.”











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