El médico me muestra la araña, me acaricia y por primera vez desde que estoy aquí me habla.

—“Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar”.

—Sun Tzu. —Reconozco la frase, pero no su plan. Necesito que hable, conocerle—. ¿Qué quieres decir?

No me responde, solo asiente antes de alejarse hacia la otra camilla y cerrar la cortina.

Cuando los gritos cesan sé que mi compañero al fin es libre. No oigo la ducha de aire así que sigue aquí; es obligatoria para abandonar la sala, estamos aislados, controlados al detalle.

—Tu… lo que sea ha muerto —me dice al volver.

—Lo sé. Como sé que no te ha dado nada.

—No necesito nada de vosotros. Solo a vosotros. —Agita el bote de la araña. Ahora está cubierto de sangre y una sustancia azul. Nuestro veneno. Mortal para ellos, inocuo para nosotros.

—Si vas a usar eso te queda un largo, largo camino.

—“La mejor victoria es vencer sin combatir”.

—Sun Tzu de nuevo.

—Tengo suficiente material y un sujeto de pruebas vivo. —Durante unos segundos su fachada de calma cae y puedo ver el odio en sus ojos—. Acabaré con vosotros y eso, inhumana, es un hecho.

—Somos mejores, más evolucionados, mejor armados y aún no os hemos atacado. Esta guerra no os conviene.

Se que he tocado una fibra sensible cuando su bisturí atraviesa mi costado. Mi último pensamiento es lo reconfortante que resulta el calor de la sangre sobre mi cuerpo frío.

Al abrir los ojos, noto las arañas que corren por mi piel. Me encuentro desatada, en una especie de cúpula, un bote dentro de la sala blanca. Me levanto con cuidado de no pisar a ningún animalito inocente. Ellas heredarán la tierra, la verdad es que no venimos a este planeta a conquistarlo, solo a librarlo de una posible plaga que amenazaba con destruirlo. Plaga que me observa desde el otro lado del cristal.

—No puedes salir. He esto para ti en las semanas que has estado drogada. Ya lo sé todo sobre vosotros, he estudiado a otro de tus amigos… a fondo— su voz me llega ligeramente distorsionada a través del cristal.

Golpeo el vidrio y ni se inmuta, para mi sorpresa me hago daño.

—Como iba diciendo, estás en una sala blanca dentro de mi sala blanca, no hay nada de nitrógeno en el aire, así que olvídate de tus poderes.

Es cierto, los poderes de mi raza se basan en el nitrógeno, siempre que no seas una reina, claro. Dejo de usar la fuerza y atravieso el vidrio.

Mi torturador me observa y retrocede en su estúpida, cárcel blanca. Tomo un bisturí y lo lanzo contra el control de apertura de la ducha.

—Llévales a un punto del que no puedan salir y morirán antes de poder escapar —susurro.

—Sun Tzu.

Asiento lista para teletransportarme fuera de allí, la humanidad a suspendido a su último examen.

Seréis exterminados.

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