Bajas lentamente la mirada y te ves las manos manchadas de rojo. Primero no te extrañas por eso, ya que te dedicas pintar, pero en seguida te das cuenta que algo va mal. Miras a tu alrededor; toda la habitación esta manchada de rojo, y al fin ves la razón de tanto rojo. Detrás de ti hay un cuerpo, desnudo, estirado en el suelo y con el estómago abierto y los intestinos esparcidos por todo el suelo, por lo que deduces que es de ahí de donde ha salido el rojo de la habitación, y no de tu material de trabajo. Extrañamente no hueles nada, hace un olor a limpieza absoluta, y eso te hace olerte tus manos para ver si puedes identificar la composición de la substancia roja.

—Por fin te has despertado —Una voz profunda que viene de más allá del cadáver interrumpe tu acción—. Pensaba que nunca lo harías.

Giras la cabeza y ves un hombre alto, sin pelo y con una enorme cicatriz que le cruza el ojo derecho apoyado al marco de donde estaría la puerta (pero no hay, solo queda el hueco).

—Quién... ¿quién eres? —Balbuceas, te cuesta mover los labios.

—¿Que te ha pasado? —Pregunta ignorando lo que le has dicho, se reclina y se acerca a ti—. ¿Es que no recuerdas quién soy?

—N... no

—Siempre te lo digo... el exceso de trabajo provoca problemas en esa cabecita tuya. —Con el dedo te señala, mientras pasa por encima del cuerpo tendido en medio de la habitación —. Pero tengo que reconocer que esta vez te has superado.

—De... ¿de qué hablas? —Cada palabra es un esfuerzo.

—Ya sabes, el trabajo que te encargué. —Da un pisotón al suelo y extiende los brazos hacia los lados—. Este trabajo.

No entiendes absolutamente nada, das una vuelta sobre ti mismo y miras por una de las ventanas que quedan a un lado de la pared, por donde entra un montón de luz.

Apartas la translucida cortina y te llega un rayo de luz directo a la cara, te deslumbra por completo y no puedes ver absolutamente nada. Lentamente vas recuperando la vista, y poco a poco vas viendo formas humanas, más altas y más bajas, todas dirigidas a mirar a través del cristal. Al fondo reconoces algunos de tus cuadros, te giras 180 grados, y ves que no hay pared, sino más gente mirando. Con gran desconcierto miras al hombre.  

—El museo te lo agradece muchísimo.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • necrox1412 @necrox1412 hace 2 meses

    Extraño relato, pensé que se trataba de un asesinato y resulta que era una exposición de arte ¿conceptual quizás?. Te dejo una estrella. Por si te interesa podrías leer mi poema "Oda a la locura" de Necrox 1412. Creo que soy el único que se ha arriesgado a escribir poesía en lugar de historias cortas.

  • Àïda Roans @aidaroans23 hace 2 meses

    Oooh gracias necrox1412, era la gracia supongo. Aver si me paso por tu perfil y lo leo


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