¿Sabes, Roy? Nunca deberías haber empezado a pintar. 


Ayer vi por última vez tus cuadros y vi lo que le hacían a la gente que se los llevaba. Vi cómo cambiaba el brillo de sus ojos, cómo se instalaba en sus rostros una expresión cargada de curiosidad e ingenuidad. Por experiencia, sé que pronto esa discreta curiosidad se convertirá en algo más profundo, más intenso, más peligroso. Tus trazos tienen magia, Roy, una que nadie debería conocer.

Ayer vi por última vez tus cuadros y apenas los reconocí. Cambian, cambian constantemente. A veces me muestran cosas que ansío y, otras, horrores tales que me impiden conciliar el sueño por las noches. He visto el pasado en tus cuadros, Roy, y lo he olvidado. He visto el futuro y apenas recuerdo nada. Tampoco conozco el presente, porque desde que no estás no he salido de casa ni un solo día. Tu arte no me ha dejado. No me ha dejado vivir fuera de estas cuatro paredes. ¿Por qué iba a interesarme salir, cuando había tanto mundo en tus pinturas?

No sé cuándo dejé de sentir esa dependencia por tu arte, esa obsesión. No sé cuándo pasé página, pero ayer terminé de vender tus cuadros y todos llevan mi firma.

Ayer terminé de vender tus cuadros pero me quedé con uno, ese que nunca lograste acabar. Creo que es el único que de verdad me pertenece. Creo que esas líneas incompletas buscaban dibujarme a mí, a nosotros. Y lo miro y soy un niño, un hechicero, un ladrón. Lo miro mejor y te veo a ti. 

Ayer terminé por ti tu cuadro, Roy. Nunca fui tan bueno como tú, pero creo que estarías orgulloso del resultado. Llevo meses pensándolo y por fin he descubierto qué le faltaba para estar completo, qué me faltaba a mí para poder avanzar.

Igual que tú, que necesitas una máquina para respirar y llevas un corazón que no es el tuyo, nuestro retrato tiene ahora una cicatriz en el costado izquierdo y otra en medio del pecho.

 

Igual que yo, que desde que te fuiste apenas le encontraba sentido a nada, que he necesitado toda mi fuerza de voluntad para respirar y llevo un corazón que es el mío, pero que desde que te conocí no me pertenece del todo, nuestro retrato tiene ahora una cicatriz en el costado izquierdo y otra en medio del pecho.

Estoy mirando nuestro cuadro y te estoy viendo morir. 

Estoy mirando nuestro cuadro y me siento en paz. 

Creo... creo que por fin estoy preparado para dejarte marchar.

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