Una llamada inesperada y ahí estaba él, bajo el chorro de la ducha buscando una versión presentable de sí mismo. Pero había demasiadas cosas que el agua no había conseguido borrar y no pudo resistirse a un trago antes de lavarse los dientes.

Llegó al despacho del general y saludó intentado ocultar su nerviosismo.

—Me alegra verle, Morgan —dijo su antiguo jefe—. Siento haberle molestado.

—No importa, general. Siempre es agradable volver —mintió.

—Iré al grano. Estará al día de la situación. —Hacía tiempo que la situación había dejado de importarle—. El conflicto entre la Confederación Occidental y el Eje Oriental se recrudece. Los enfrentamientos en Terranova son cada vez más sangrientos. Los recursos de los viejos continentes se destinan a una lucha que nunca se decanta a favor de ningún bando. —Así que nada había cambiado desde que fue relevado del servicio—. La humanidad debería encontrase en un nivel muy superior de desarrollo, pero la obsesión por el dominio de Terranova lo impide.

—Ninguno de nuestros intentos por cambiarlo ha funcionado. —Las misiones fracasaban sistemáticamente sin conseguir el cambio necesario.

—¡Maldita resiliencia temporal! Los cambios históricos que realizamos se diluyen y su efecto se pierde. La llegada al nuevo continente vuelve a producirse casi simultáneamente desde varios países y la guerra comienza. —Apretaba los puños sobre la mesa—. Pero nuestros equipos de investigación han descubierto algo gordo. Revisando los archivos históricos han encontrado a un navegante, un tal Colón, del que apenas se sabe nada, que habría dirigido una expedición hacia Terranova. —A Morgan le sudaban las manos—. Nuestros expertos aseguran que las coronas europeas la habrían conquistado sin más rival que los indígenas. Pero los barcos regresaron sin Colón, víctima probablemente de un motín antes de alcanzar su objetivo. —Le tendió un dossier.

—¿Quiere que consiga que llegue a tierra?

—Sabemos que ha atravesado momentos difíciles y no se lo pediríamos si no fuera necesario. Además, ahora está mejor, ¿no es cierto? —Claro, ahora pasaba sobrio el menor tiempo posible—. Necesitamos al mejor y ese sigue siendo usted. Todo está listo para el viaje.

Morgan se llevó la mano al pecho y se tranquilizó al sentir el contacto de la petaca oculta en su chaqueta. Le prepararon para el viaje. Cuando se enfrentó al portal espacio-temporal las manos le temblaban y la garganta le ardía. Solo deseaba apagar aquella sed que nunca moría. Cruzó el portal y apareció en la cubierta de un barco en la oscuridad de la noche. Antes de que pudiera sacar la petaca, tenía una pistola apuntándole al rostro.

—Bienvenido, viajero —saludó el desconocido.

—¿Qué demonios?

—Tu organización trabaja mucho para acabar con la guerra, pero hay fuerzas más poderosas que se aseguran de mantenerla. A veces hay que darle un empujón a la resiliencia temporal —dijo con ironía—, y esta vez estáis demasiado cerca.

Morgan nunca llegó al punto de extracción y Colón no sobrevivió para pisar el nuevo continente. Al fin y al cabo, algunas cosas no están predestinadas a ocurrir.

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