Observo como una pareja se enrolla al final del local en el mismo instante en que los primeros acordes de la canción comienzan a sonar en el tocadiscos.

—Sun is shinin' in the sky —canto al tiempo que desenfundo mi revólver—. There ain't a cloud in sight.

La primera bala vuela la tapa de los sesos a la mujer ante el estupor de su amante. La sangre cubre su rostro y espero a que él me mire para apretar el gatillo de nuevo.

Giro sobre mí mismo, contemplo risueño el caos que se ha apoderado del local y disfruto de mi canción favorita mientras elijo mi nuevo objetivo.

—And don't you know. —El camarero corre hacia la escopeta que adorna la pared—. It's a beautiful new day. ¡Hey, hey!

El pobre diablo ni siquiera llega a tocarla: otra de mis balas atraviesa su corazón matándolo en el acto. Escucho un sonido a mi espalda y descubro a uno de los matones de Nolan saliendo del servicio. Sin tiempo a dejarle reaccionar, le disparo en la entrepierna y corro hacia él, pateándole la cara en el mismo instante en que se flexiona preso del dolor.

—Mister blue sky is living here today! —exclamo pletórico al notar los huesos de su mandíbula romperse—. ¡Hey, hey!

“Mister blue sky, please tell us why,

You had to hide away for so long”

—So long! —Descargo las dos últimas balas de tambor en la nuca del matón.

“Where did we go wrong?”

Aprovecho el estribillo para ponerme a cubierto y recargar el revólver mientras inspecciono el local con un vistazo. Tras asegurarme de que no hay nadie vivo, me levanto y me dirijo a la barra. Registro al camarero hasta dar con las llaves y me acerco a la entrada.

Una vez cerrada, camino hasta el almacén y abro la puerta con cautela. Al bajar las escaleras llego a lo que parece un laboratorio clandestino donde me encuentro con Nolan.

Ajeno a mi presencia, le observo verter nitrato en un bidón. Va vestido con un mono y respira a través de una máscara de gas. Me acerco a una de las mesas, agarro una bolsa de meta y la contemplo.

—Hey you, with the pretty face —sigo cantando al tiempo que se la lanzo a la espalda—. Welcome to the human race.

—¿¡Blue?? —Se sorprende al verme—. ¿Cómo cojones has llegado hasta aquí?

—Gracias a esto. —Hago rodar el revólver entre mis dedos.

—¿Y ahora qué? —dice quitándose la máscara—. ¿Me matarás igual que a los demás?

—¿Por qué? ¿Por dejar morir a Vicky?

—¡Yo no tuve nada que ver con su muerte! —exclama molesto ante mi provocación.

—Elegiste esto —digo señalando la habitación—, a tu propia hija…

—¡Vicky murió cuando decidió casarse contigo!

—¿Por darle el cariño que su padre nunca le brindó? —Le apunto con el revólver—. ¿Por la oportunidad de experimentar un parto?

—¿Cómo? ¿Vicky era madre?

—Sí, pero nunca los conocerás —sentencio antes de volarle la cabeza.

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