Bailaban al unísono en medio del césped. La mano de él estaba apoyada en la cintura de ella. Ella tenía sus manos entrelazadas en el cuello de él. No necesitaban hablar, sus sonrisas y miradas lo hacían por ellos.

Era una noche fresca de verano. Ella llevaba un vaporoso vestido rosa con zapatos con poco tacón. Su melena rubia, que se mecía con la escasa brisa veraniega que hacia, combinaba muy bien con sus negros ojos.

“Sense tu, jo no puc,
 Sense tu, si no hi ets,
 Sense tu, jo no sóc ningú...”

Él era como una sombra, incórporeo y sin forma. Dos puntos verdes en los ojos centelleaban de amor. Ella acariciaba el pelo negro de él. No parecían bailar, si no deslizarse por el césped. Su canción sonaba, aquel estribillo que tanto significaba para ellos era casi inaudible. Solo podían oír como sus corazones martilleaban en su pecho. El primer beso es mágico, el segundo íntimo, el tercero rutina, pero ese era único. El mundo se apagó mientras que las guitarras de la canción sonaban con mas intensidad que nunca.

“És de nit”

Él se levanto con rabia. Necesitaba distinguir la realidad de la ficción y le pego un poderoso puñetazo a la pared de la habitación. La pintura naranja se volvío roja. Respiraba con furia. En ese momento recordó que ella nunca volvería.

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