Todo está oscuro, no puedo ver absolutamente nada... ¿o quizás tengo los ojos cerrados? Sí, los tenía, o eso parece, porque sigo sin ver absolutamente nada. Pero empiezo a ver unos destellos de luz, noto que algo me cubre la cabeza y un ligero traqueteo.

Así es, escucho ruidos extraños. Parecen los de un vehículo. De repente viene un frenazo y me vuelco hacia un lado, el vehículo está parado.

Mierda, me he caído al suelo de cara y estoy atada de manos y pies, el suelo es irregular y frio, seguramente será el maletero de una furgoneta. Escucho las puertas abriéndose y cerrándose. Unas manos fuertes me sacan a rastras de la furgoneta y me arrastran por el suelo. Entramos en una especie de sala más luminosa, parece que está lleno de antorchas y puedo escuchar un murmullo de un montón de voces. Decido gritar, aunque creo que no va a servir de mucho.

−¡Dejadme en paz! ¿Dónde estoy? −Grito desesperada y moviéndome.

−A cualquier dolor, paciencia es lo mejor −responde una voz grabe y fuerte que parece venir de la persona que me arrastra, me sacude un par de veces para que me calle −.

−¿¡Se puede saber qué coño estas diciendo!? −Nada tiene pies ni cabeza... Yo solo estaba andando tranquila por la calle.

Me responde una voz grabe y fuerte que parece venir de la persona que me arrastra. Esto es más raro por momentos.

Me hace subir un par de escalones y todo el cuerpo me tiembla. Los murmullos de la sala suben de tono y forman una especie de música extraña... aunque no entiendo ni pizca de lo que dicen, parece alguna especie de, idioma inventado que hacen estos "frikis”. Después de otro escalón, este mucho más grande, las manos que me arrastran me cogen por los lados y me levantan hasta dejarme estirada sobre una especie de repisa de lo que parece que es mármol. Empiezo a ver por dónde vas estos derroteros y no me gusta para nada... la cosa no pinta pero que nada bien.

Cortan las cuerda que me ata piernas y brazos con un cuchillo, intento forcejear aprovechando el momento, puedo saborear la libertad; pero inmediatamente me las cogen unas manos fuertes que me las estiran y vuelven a atármelas, esta vez dejándome con todas las extremidades estiradas sin posibilidad de moverme.

Suelto un largo grito de desesperación intentado liberarme.

Pero vuelve a responder la misma voz grabe:

−Una vida feliz consiste en tener tranquilidad de espíritu.

Me quitan la tela negra de la cabeza, después de recuperarme del golpe de luz puedo confirmar mis sospechas por la enorme cruz invertida que se encuentra a mi lado, la gente vestida con túnicas negras y máscaras cantando y el hombre desnudo, alto y con cabeza y piernas de chivo que tengo justo delante mío.

−Hay bodas, bodorrios y bodas de todos los demonios.

Dice otra vez la voz grave, es un hombre grande, vestido de cura.


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