No puede hacerlo... Joana no puede matarlo. Se le puede ver reflejado en su rostro la angustia de la duda.

−Yo no estoy preparada para esto... nadie me lo dijo, nadie me advirtió −dice mirándome, lanzando el cuchillo hacia un lado.

−Joana, has nacido para esto, ¡tienes que matar a Magnus! −le grita Zacarias des del timón.

−No es verdad... nunca tuve, solo porque todos vosotros insistís en ello. −Se levanta y se acerca a la ventana.

Des de mi sitio puedo ver como Magnus empieza a recuperar la consciencia, intento alertar a Joana, pero ella se da cuenta en seguida.

−Magnus, me he dado cuenta de la verdad. −Le tiende la mano y le ayuda a levantarse, él sonrie −. Tú no eres mi enemigo, yo no puedo matarte.

Suspiro aliviada y sigo buscando el Orbe de Magallanes entre la maquinaria del submarino, en el fondo siempre supe que ella no estaba destinada a esto, era demasiado.

− ¡No puedes renunciar a esto! -Zacarias abaja una palanca, suelta el timón y se dirige hacia la pareja.- ¡No puedes negar tu destino!

Sin previo aviso saca su revólver modificado y apunta directamente a la cabeza de Joana. Magnus reacciona de repente lanzándose contra él, se dispara sin querer mientras pelean i la bala sale disparada rebotando entre las de metal. Joan cae del susto del disparo y sigue con la mirada la bala. De pared en pared sin causar mal alguno, tan solo un pequeño abollón en alguna estructura más débil, pero se dirige donde menos seria deseado: el ojo de buey del control de mando.

Joana grita, y yo me quedo completamente helada, los dos chicos dejan de pelearse para entender que está pasando y se giran al escuchar ese ruido. Solo se puede escuchar el cristal resquebrajarse lentamente, primero entra un pequeño chorro de agua... pero poco a poco, entre las crecientes grietas empiezan a salir como una pequeña cascada diversos hilos de agua. Primero son débiles, pero cogen fuerza con rapidez y agrandan los agujeros y suben la presión.

Finalmente el cristal peta y el agua marina empieza a inundar la gran sala del timón. Joana coge a Magnus y a Zacarias por los hombros y los levanta para llevárselos a la capsula de escape.

− ¡Corred! –grita desesperada haciendo fuerza con los brazos, dirigiéndome una mirada penetrante para avisarme a mi también.

 En mí precipitada huida tropiezo con algo muy duro que me hace caer. Al mirar que es una sonrisa se me dibuja en la cara, es el Orbe de Magallanes.


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