Un viejo mito relata la historia de una mujer que escucho los encantos del demonio de las aguas. Aquella de ojos marrones y cabello castaño, abandonada desde pequeña y criada de mano en mano; se cuenta que tenía una belleza celestial para los matlazincas, pero para todas las mujeres su presencia siempre represento el peor de los augurios.  

Tan joven y desolada, tan inocente que sus destino se escapaba en cada suspiro que pronunciaba; todas las mañana se le podía ver sentada detrás de los tules lavando su larga y obscura cabellera cantando sus más íntimas plegarias al agua. Un día ella escucho su voz, aquel que se oía cada vez que el agua de la laguna y de los mares se desbordaba. En palabras que ella sólo entendía la invitaba a buscar la costa más cercana, ahí él la encontraría y la reclamaría como suya, tal como las estrellas lo habían predicho. Atlanche con miedo se negó a tal destino, pero él no lo acepto. En palabras necias el cielo tronó y su voz con total calidad se escuchó.

-Si no has de venir, te quitaré a todos los que te rodeen, amigos y enemigos. Pobre niña no te has dado cuenta que en tus pasos de mujer no hay nada más que perder. Me los he llevado antes y me los llevaré a todos otra vez. Tendrás riquezas y encantos que nadie más ha tenido, ¿qué más quieras a cambio de tu divina dignidad?

En llantos sin contestar ella callo tendida en el tule, su cuerpo apenas y se reconocía en las aguas de la laguna, ella hubiese deseado mil veces más perder su dignidad que su a familia, pero no se le había preguntado antes. No podía ni imaginarse la fuerza de sus pasos sí tan sólo fuera clemente y digna de caminar. Sin fuerza alguna se quedó ahí un momento, sin desearlo pequeños seres la veían con tristeza, se posaron cerca de sus abdomen y otros más la veían desde lejos, fue entonces donde una culebra de panza negra que nadaba rítmicamente a su alrededor le habló.

 -Mírate mi niña, tan bella que no deberías de llorar, no le hagas caso a lo que has oído, aquel que te busca no sólo sabe causar estragos, crea mismas maravillas si se lo propone, sólo te está intimidando para tenerte. Niña mía, si pudiera hacerte como yo, te daría mi letalidad para que pudieras defenderte, pero ya tienes la propia, él te ha tenido que amenazar para que le acompañes, si las estrellas lo han predicho es por algo.

Estaría loca al seguir el consejo de una culebra, pero algo en aquellos ojos la habían hecho sentir más que una simple mortal. Siguiendo el final de un río Atlanche encontraría su destino mar adentro, ahí ella le encontraría, al demonio de las aguas, oculto en el fondo del mar esperándola con su destino y legado en mano.


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