Ahí seguía, colgando de la verga mayor del galeón hundido, el recordatorio de lo que les ocurriría si desobedecían, la prueba de que sus vidas no les pertenecían. Y para ella, la realidad de que su existencia nunca sería igual. Bajó la mirada y siguió caminando, como había aprendido a hacer. Después de todo, su mundo pertenecía a los tritones. Ellos eran los dueños de la magia y el poder, de la fórmula secreta para sobrevivir en la tierra seca. Ellas estaban confinadas al fondo del mar, como esposas y madres, resignadas cuidadoras de los mestizos que traían de sus viajes al exterior. Así había sido sido siempre. Creía que podía soportarlo, pero ahora su corazón pendía de un trozo de madera muerta. Y las cosas empeorarían pronto. El exotismo de su parda piel leonada y sus ojos ambarinos solo le había conseguido más tiempo, los tritones más poderosos ansiaban convertirla en su trofeo y se negaban a ceder. Pero la lucha terminaría y debería entregarse irremediablemente al vencedor. Solo deseaba que no fuera Khalim, el gran hechicero, el guardián del acceso al mundo seco. La mirada lasciva y cruel que la desnudaba cuando se encontraban, la boca que reía mientras su mano ejecutora le arrancaba todo lo que amaba.

Caminaba del brazo de su anciana tía Lucrecia, que no paraba de hablar del anillo que había perdido.

—Triste, ¿verdad? —Se interrumpió y miró hacia la cabeza en descomposición suspendida en el galeón—. Solo porque se enfrentó a su marido.

—Todas sabemos lo que pasa si no obedecemos, no debió oponerse. —Seguía furiosa con ella, si no lo hubiera hecho aún tendría algo para soportar sus días.

—¿Cuándo vas a espabilar, chiquilla? —Lucrecia la agarró con una fuerza desproporcionada para su edad—. He tenido mucha paciencia contigo, pensé que esto te haría reaccionar, pero eres tan necia como tu madre. ¿Crees que no sé lo que se esconde tras tu aspecto? Llevamos la misma sangre, la magia también corre por mis venas, solo que no es tan fuerte. —Conocía su secreto, el que su madre le había enseñado a ocultar y olvidar—. Qué mala suerte que eligiera la rama cobarde de la familia. Si yo pudiera…

—¿Si tú pudieras qué, tía? ¿Qué puedo hacer yo?

—Acércate a ellos, utiliza tu poder, cuélate en su mente y róbales el secreto. Cuando sepamos cómo salir a exterior ya no podrán retenernos, seremos libres.

Se atrevió a mirarla, a cruzarse con sus ojos muertos. Unidas por sus miradas, igual que cuando Khalim leía los cargos por los que sería ejecutada. No apartó la vista cuando su cuerpo cayó cercenado, no la dejaría sola. Pero comprendió que le había fallado. Las mujeres como ella habían elegido ocultarse y resignarse, pero ya no podría hacerlo nunca más.

Esa tarde, cuando se cruzó con Khalim le dirigió una mirada tímida y sumisa acompañada de una sonrisa pícara. Los ojos lascivos del tritón le aseguraron que sería suya, y esa vez no sintió miedo.

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Rísquez @Risquez hace 7 días

    Estupendo relato. Justo vencedor de la prueba que hace que te desmarques en la clasificación de este Inventízate. Emhorabuena!

  • Rísquez @Risquez hace 7 días

    Quería decir: enhorabuena! (Ni un comentario sin su errata, ejem)

  • Raquel Valle @ValleS hace 4 días

    Gracias @Risquez! Este mes ha sido un triunfo poder participar y encima tener unas valoraciones tan buenas... A mí me tocó revisar el tuyo y lo disfruté mucho, de hecho fue el mejor de los tres que me tocaron, así que emhorabuena y enhorabuena ;)


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