—No puedo hacerlo. —Las branquias de Selene se abrían y cerraban rápidamente, denotando su nerviosismo.

—¿Pero qué dices? Llevas años preparándote para esto. Además, dependemos todos de ti. El universo entero pende del hilo de tu incertidumbre. —Kalím siempre se expresaba de manera poética cuando quería inculcarle valor a su ama. Pero esta vez no parecía funcionar. Estaba realmente desanimada.

—Para colmo he perdido el orbe atronador. ¿Cómo voy a derrotar a Hisúm ahora?

—No lo necesitas, en serio. Te he visto luchar contra los trasgos del abismo negro. Nadie jamás ha conseguido vencer a uno solo de esos seres. El filo de tu espada, sin embargo, se cobró la vida de tres de ellos la semana pasada.

—Y ahí fue donde perdí el orbe. No me siento con fuerzas para derrotar a Hisúm sin la ayuda del cristal.

—Selene, mírame. —Kalím alzó la barbilla de la guerrera con su manaza de piedra escarlata—. Te llevo viendo luchar desde que quedé en deuda contigo y te convertiste en mi señora. El orbe lo único que te aportaba era un extra de confianza que se filtraba por los poros de tu piel y fortalecía tu espíritu.

—No es solo eso. He conseguido toda clase de proezas desde que comencé a entrenar en la escuela Diviana. Me esforzaba cada día por ser mejor que los guerreros que se mofaban de mí por ser una chica. Eso me dió fuerzas para superar todos los obstáculos.

—¿Cúal es el problema entonces?

—Que ya no queda nada de esa chica que ingresó en la escuela. Me he convertido en un guerrero más, en un bárbaro y no me siento muy orgullosa de ello.

—Yo no veo que seas como ellos. Son brutos sin alma, el mejor de ellos puede que llegue a comprender las sutilezas de la lucha por repetición. Tú eres capaz de crear magia en cada enfrentamiento. Posees intuición y destreza, así como la sensibilidad necesaria para captar las emociones del contrario y aprovecharlas.

—Pero mira mi cuerpo, parezco un gladiador de las profundidades. He perdido toda la feminidad que había en mí.

—La mujer que eres está aquí. —El gigante apoyó con suavidad tres dedos en su pecho—. Y precisamente ella es la que puede salvarnos de ese tirano.

—¿Tú crees?

—No es que lo crea. Estoy convencido de ello. Y ahora vamos a salvar al mundo, que las sirenas ya anuncian la llegada de Hisúm a la sima tenebrosa.

Ambos se ajustaron las armas y comenzaron a nadar hacia el borde del negro abismo que se abría ante ellos. 

Hasím hace milenios que anegó todo el planeta para exterminar a la raza humana. Lo que no esperaba es que con el tiempo resurgiera una copia de dichos seres en el fondo del mar que volviese a poner en peligro su atemporal existencia.



Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.