Podría caminar por el bosque durante horas, observar el verde de los árboles y sentir el aire fresco en la cara. Es mi momento de máximo relax, es el momento en el que suelto la tensión cumulada del día y siento ese vínculo tan sagrado que nos une a las mujeres con la naturaleza. Camino despacio, sin prisa, por que llevo todo el día preparándome para este momento. 

Entonces oigo algo, no puedo describir lo que es, pero me pone los pelos de punta, tampoco puedo asegurar si es real o no, solo se que lo oigo y me desvió en su dirección. No es un sonido malo o particularmente desagradable, pero es algo que sé que no debe estar ahí, que desentona con la melodía del bosque. Mientras camino en su dirección, se hace más y mas fuerte, más denso, casi como si pudiera tocarlo, pero todavía no puedo describirlo. Cuanto más alto lo oigo, mas me atrae, pierdo el foco de todo a mi alrededor y solo quiero correr hacia él, como si me llamará. 

Las hojas crujen bajo mis pies y la luz se va oscureciendo, el frío es cada vez más intenso, y la boca se me seca. Ya no camino, corro, corro como si mi vida dependiera de llegar a ese ruido, ese sonido, ese grito o ese canto, todavía no puedo describirlo. 

Cada vez mas cerca, mas fuerte, mas intenso. Cada vez más oscuridad mas frío y mas velocidad. Adictivo.

El pelo se me enreda con las ramas de los árboles, que ahora se extienden hacia el sendero como si quisieran atraparme, cerrarme el paso, impidiéndome acercarme a ese sonido, pero yo no puedo parar , tengo que descubrir que produce ese sonido que me aterra y fascina al mismo tiempo, que tira de mí. Tropiezo con una rama que sale del suelo solo para impedirme el paso, maldigo y sin elegancia alguna, raspándome las manos y rasgándome la ropa, me levanto y sigo, por que no puedo parar, no siento cansancio, no siento nada, solo necesito llegar a ese sonido ese ruido, ese grito, esa melodía indescriptible que en un momento me parece que destila la mayor de las alegrías y al siguiente el mayor de los dolores. Entonces, un árbol cae en medio de mi camino, seco, muerto, lo salto y sigo, rápido, sin saber que me deparara en el siguiente paso en la siguiente zancada, ya no hay sendero, solo piedras y ramas caídas, pero cada vez me estoy acercando más y más y más. 

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