Hacía ya tiempo que quería hablar con ella, nunca coincidíamos, y no tenía ni móvil ni internet en su casa; y pedirle el número del fijo me daba mucha vergüenza. Así que cuando recibí su carta citándome en el almacén abandonado de las afueras del pueblo, me quedé mucho más sorprendida y con ganas de hablarle que de extrañeza y desconcierto respecto a esa citación, ya que nunca antes habíamos hablado; como mucho un "Buenos días" y alguna mirada indiscreta por los pasillos del instituto, pero nada como para hacer que esa invitación fuera normal...

Des de que Marian llegó a principios ese curso, yo no puede evitar fijarme en ella, era tan diferente, nunca había visto una persona de igual belleza, dejaba encandilados a todos los chicos... y a mí. Siempre fui una chica tímida, con mucha imaginación, me gusta leer y pasar el tiempo pensando en mundos imposibles, pero ella me llevó al mundo real y solo pensar en su ser, y en todo lo que podríamos ser.

Y aquí estaba yo, sentada en una de las sillas ruinosas y las pilas de cajas vacías del viejo almacén de los López, esperando a que la chica que me había hecho abrir los ojos llegara y me contara que se trataba el misterioso mensaje.

Cada vez mi corazón estaba más y más acelerado a cada segundo más que pasaba que se acercaba la hora. Entonces llegó la hora, y el corazón se me paró. Tuve la sensación de que mis sentidos se agudizaban y podía percibir a la perfección cada detalle a mi alrededor, pero sobretodo podía notar ese silencio ruidoso típico de un sito abandonado, cada insecto correteando, cada pequeña gotera formada por la humedad y cada pequeña brizna de hierba crecida entre el cemento moverse con por la ligera brisa que se filtra entre las ventanas rotas y los agujeros del tejado.

Y entre todo ese apabullamiento de sensaciones, pude escuchar unos pasos, lentos y seguros, que resonaban por todo el edificio, y mis sentidos solo pudieron percibir a estos; esperando que fuera la persona esperada. Las pisadas se acercaron hacia la habitación donde me encontraba yo, hasta que pude escuchar como ya se encontraba justo en el marco de la puerta alumbrada por un rayo de luz proveniente del techo. Pude contemplar claramente como su silueta se marcaba entre las dos barras de la puerta, y al acercarse a mí, y ver su rostro, pude decir por fin:

−Hace ya rato que te estoy esperando −dije con una tímida sonrisa.

−Lo sé −respondió, devolviéndome la sonrisa, pero con un toque de maldad que me asusto un poco−. Ahora ya puedo cumplir mi misión. −Y de debajo de su chaqueta sacó una pistola, y me apuntó directamente hacia mí, con el dedo rozando el gatillo, parándome por completo el corazón.

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