Tenía un dolor de cabeza brutal, quizá el golpe que recibí con aquel hierro tiene algo que ver. Apenas podía enfocar la vista, pero no había duda de que estábamos en un lugar oscuro y conquistado por la humedad. Olía a hollín, óxido y hierro, como si estuviéramos en un antiguo almacén a todas luces abandonado.

Intenté recordar qué había pasado y por qué estaba allí pero cada vez que intentaba que mis neuronas se interconectaran el dolor se volvía más insoportable.

Traté de tranquilizarme y valorar la situación, mi padre me había entrenado desde pequeño para hacer frente a situaciones límite como aquella antes de que desapareciera un día sin dejar rastro. Ahí empezó la búsqueda que me había llevado a esa situación.

A la par que recobraba mis sentidos, me di cuenta de que estaba suspendido en una especie de vaina desde donde podía ver que a mi alrededor todo era oscuridad excepto por otra cápsula similar en la que se intuía una forma humana llena de cables. Me recordaba a las historias de ciborgs que tanto me gustaban de pequeño y me contaba mi padre por las noches antes de dormir.

El chirrido de una puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos y poco a poco empecé a distinguir una figura que se acercaba. Tenía una bata blanca de laboratorio con el nombre rasgado seguramente de algún incidente con un experimento anterior. La cara la llevaba cubierta con una máscara que ocultaba las quemaduras que le llegaban al cuello. Me dejó perplejo cuando se dirigió a mí por el apodo de mi infancia, aquél que ya había olvidado incluso yo mismo.

- ¿Por qué me llamas así? ¿Quién eres? ¿Por qué estoy aquí? – Espeté intentando parecer que era yo quien controlaba la situación.

- No tengas prisa, todo a su debido tiempo, vas a tener toda la eternidad para entenderlo. -Replicó el científico con una siniestra voz seguido de una risa tétrica.

Vi cómo se alejaba hacia un cuadro de mandos y al levantar la palanca se iluminaron ambas vainas, así como un cuadro de mandos con un esquema en el que había una animación que mostraba un flujo de datos entre dos figuras de personas.

El científico se acercó tanto que podía ver sus ojos ensangrentados a través de la máscara y casi con un susurro me dijo:

- En poco tiempo haré realidad el sueño que tanto tiempo llevo buscando, los cuentos de tu infancia se harán realidad y por fin podrás ser inmortal, ¡hijo!

- ¡Hijo! – una chispa saltó en mi mente como si mi cerebro empezara a funcionar, de repente todo tenía sentido.

Pulsé el botón que dio la señal a mi equipo para que entrara y me rescatara de ese loco. Una puerta saltó por los aires a la par que se ponía en marcha el invento que me convertiría en un monstruo de metal si el proceso llegaba a completarse.


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