Abro los ojos y descubro, con una mezcla entre alivio y decepción, que sigo en el mismo sitio asqueroso en el que me desmayé, además de atado a la misma silla y en la misma posición. El dolor en el costado derecho es insoportable. Me arde la mejilla y noto el gusto de la sangre en mi garganta.

—Ha despertado —anuncia mi anfitrión—. Reanudamos la transmisión.

Su compinche le alcanza un portátil y se coloca frente a él. El pañuelo que lleva al cuello lo coloca sobre la boca, se ajusta unas gafas de sol y, por último, se cubre la cabeza con la capucha de la sudadera.

—Bienvenidos de nuevo a Gran Villano —saluda sentado en una silla cercana a la mía, con el ordenador en las rodillas—. Llegamos a la recta final. ¿Estáis preparados?

Estoy seguro de que el nombre de Gran Villano te suena, pero que nunca tuviste claro si era algo real o una leyenda urbana. A mí me pasaba igual, aunque mucho me temo que esto es de verdad. Es un maldito concurso que se emite desde un almacén que tiene pinta de no haberse utilizado desde hará más de una década, y es lo bastante grande y está lo bastante alejado de cualquier sitio como para que nadie me oiga gritar por mucho que me sacudan.

—Gracias a todos los que nos habéis acompañado a lo largo de esta temporada. Ha sido muy emocionante. Muchos despojos han caído y ya tenemos a un único finalista. —Mueve el portátil, imagino que con la intención de que aparezca en plano—. Con los demás no tuvisteis dudas: merecían pagar. Algunos os lo pusieron tan fácil que confesaron, pero este… —Me señala— Este es distinto.

La mecánica es sencilla: una panda de pirados que se autodenominan “vigilantes urbanos” salen de “cacería” a por pringados como yo. Supuestos ladrones, carteristas o traficantes. El caso es que exponen nuestros “crímenes” a un hatajo de desequilibrados a través de este maldito programa al que solo se accede desde internet y la audiencia vota si somos inocentes o culpables y, si lo somos, deciden nuestro castigo. La gente, por supuesto, se vuelve loca.

—Le hemos pegado, azotado y torturado un poquito, pero no reconoce ninguno de los crímenes que le imputamos. —Su cháchara me da dolor de cabeza—. ¿Es demasiado testarudo? ¿O es que es inocente? Eso, queridos amigos, es lo que tenéis que decidir. Quedan solo unos segundos para que termine el plazo para votar —concluye en tono alegre.

Pienso en que soy el favorito de la audiencia. Me río y duele demasiado.

—¡Fin de las votaciones! ¿Vive, y tenemos ante nosotros al primer ganador de Gran Villano? ¿O muere, como todos los demás? —Levanta la mirada por encima del portátil. Su compañero le hace señas—. Ya tenemos los resultados.

El otro tipo le pasa una nota y la lee. Clava la mirada en la webcam de su equipo.

—¿Queréis saber el resultado final?

Comentarios
  • 2 comentarios
  • King @aresdaughters hace 6 meses

    Bueno, no sé los demás, pero yo si quiero saber el resultado xd. Te felicito por la curiosa temática que has escogido para esta historia, desde un principio te atrapa la forma en cómo nuestro "villano" describe su situación y cuando nos enteramos de qué va la cosa, sobre este programa cutre, es imposible no sentir el mismo magnetismo que deben sentir sus espectadores al otro lado de sus pantallas. Espero que continúes actualizando o al menos me digas si estás publicando en otra plataforma. Saludos.

  • Rísquez @Risquez hace 6 meses

    Jajajaja! Gracias por tu comentario xD
    Tiene pinta de que el tipo se libra y que el conductor del programa no está muy de acuerdo (y que habría movida, claro), pero la realidad es que no sé cómo continúa si no pregunto antes a los personajes.
    Solo estoy publicando en Literup (mi primera novelette ha sido con ellos. Está en la tienda, por cierto. Perdón por el spam). Las convocatorias que proponen, las pruebas de Inventízate y algún que otro concurso ocupan buena parte de mi tiempo escritoril.


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