-Al principio solo oía un chirrido - Se mordió el labio con nervosismo-, luego empecé a oír murmullos y …

-Entonces entramos en la habitación -Alonso abrazó a María y suspiro-... y los cojines estaban hablando. Sentados en círculo y manteniendo una conversación. 

Elena considero lo que el hombre acababa de decir y sopesó sus siguientes preguntas.

-¿A que hora dice que sucedió señor? -Miró los cojines con interés, pensando si debía comprobarlos.

-Eran eso de las 12 de la mañana -La mujer se acerco a colocar los cojines por tercera vez en los últimos 10 minutos como si creyera que se movían solos. Levanto la mirada aturdida-. Volvíamos de la compra de la semana.

-Si, eran las doce, lo acababa de mirar en el reloj por que estaba pensando en si habría acabado la lavadora.-Su teléfono sonó en ese momento-. Disculpen debo contestar.

El hombre salió de la habitación, contestando al teléfono y dejando a las dos mujeres a solas. 

-Siéntese -Indico con la mano el pequeño sofá situado junto a la ventana para que se sentará-. No le hemos ofrecido nada todavía. ¿Quiere un café?.

-No, gracias ya he desayudado -Contesto con educación-. Por favor siéntese, quiero hacerla unas preguntas.

La mujer fue a sentarse en el sofá sobre un cojín y entonces lo oyeron claramente, el cojín gimió, e increíblemente se retiro. Entoncen un chillido agudo les reprendió.

-¡Por Dios! Si ya sabeis que estamos vivos -Dijo el cojín, haciendo lo que parecía un esfuerzo por ponerse de pie-, por que seguís insistiendo en aplastarnos. ¿A caso no teneis corazón?.


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