Hay que acabar de una vez por todas con las disputas e invasiones de esos reyes sedientos de poder, no importa de qué raza sean. No es que a los dragones nos importe demasiado la vida de hombres, enanos o elfos, pero sí el equilibrio del mundo, del que somos guardianes. Sin él nada puede existir.

Por desgracia, las interminables guerras han puesto a toda la tierra habitada en una situación muy delicada, casi al borde de la destrucción.

Es el momento de actuar y demostrarles quién manda realmente.

Mis dos hermanos y yo nos lanzamos en picado sobre el campo de batalla y cuando estamos a punto de lanzar nuestras llamas, una luz blanca nos ciega y todo desaparece.

Confundidos, y algo aturdidos, nos miramos unos a otros, intentando entender porqué estamos encerrados en cajas de cristal y cómo hemos ido a parar aquí. Al mirar a mi alrededor descubro que no somos los únicos. Hay decenas de cajas con decenas de seres fantásticos en su interior. Pero la sorpresa es mayúscula cuando se acerca a nosotros, sonriendo, un humano de tamaño gigante. ¿Cómo puede ser?

Por fin son míos. Después de tantos viajes a través de agujeros de gusano, después de trabajar tantos años en procesos de miniaturización, después de tantas burlas, al fin puedo hacer realidad el sueño de mi infancia: el Micro Zoo Fantástico.

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