<<Entré en aquel cementerio en medio de la peor tormenta que había vivido jamas. Con dos balas en la pierna y después de haber recorrido diez kilómetros, solo la autodeterminación me mantenía en pie. No podía dejar de pensar en los amigos que había perdido. Cuando esta guerra termine tendré que enterrarlos. Iré a la casa de James y Gregory para decirles a sus hijos que crecerán sin un padre. Sin condecoraciones y sin honores, solo tierra sobre sus ataúdes.


No me quedan más balas. Todo mi plomo se ha quedado en los malditos nazis que intentaron acribillarnos esta mañana. Tras las cortina de la espesa lluvia lo veo. El cuerpo de un humano, los ojos de un monstruo. Disparo. Mi puntería es perfecta. Con un golpe seco cae al suelo. Así termina una guerra, entre truenos y lluvia.>>


—Era su historia favorita.— La voz de Albert se quebraba, el llanto se mezclaba con el dolor de la perdida—. Todos los que estamos aquí sabemos que eso era mentira. Sin embargo nos gustaba ver como esa sonrisa se dibujaba en esa cara arrugada, como esos ojos ciegos se llenaban de vida y juventud. Quizá tuvo que matar a gente pero yo lo recuerdo como un hombre dulce que me daba la mano para cruzar la calle cuando me llevaba al colegio. Hoy me toca despedirme de ti, adiós abuelo.


Albert se bajo del estrado y acaricio el féretro. Sus lágrimas se perdían en la inmensidad de la lluvia. Había visto apropiado inventarse esa historia, un momento de gloria para el muerto. A él le daba igual, estaba satisfecho de su actuación. Lágrimas, una crónica inventada en un tiempo récord y al ternura necesaria para quebrar el corazón de los asistentes. Se preguntaba si con los ojos rojos e hinchado seguía siendo igual de atractivo.


Se metió las manos en los pantalones y comenzó se alejo mientras bajaban el ataúd para meterlo en la tumba llena de lluvia..


— ¿Ya te vas Albert?¿No vas a quedarte a ver como meten a Arthur en la tumba?— preguntó una voz femenina.


— Sí, se me hace imposible seguir aguantando esto. Apenas puedo asimilar que se haya ido, imaginate lo que es ver que lo metan bajo tierra.


Con la rabia todavía en el rostro se dio la vuelta. Un risa floreció en su rostro. Una cruel broma para esa gente: Arthur no tenia ningún nieto llamado Albert.

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