El entierro ha terminado y la gente comienza a abandonar el cementerio. Por fin consigo acercarme a Javi y abrazarle. Bajo su paraguas, me libro de esta incesante lluvia  por un momento. Si no hubiera estado tan alterado al marcharme de la cabaña habría traído el mío y no estaría empapado. Malditas peleas de enamorados.

—Siento lo de tu abuela.

Tengo que hacer algo para arreglarlo, quizá le lleve flores. No soporto estar enfadado con ella y al final siempre cedo.

—Es ley de vida.  —Me alegra verle sereno, soy horrible consolando a la gente—. Gracias por venir, hacía mucho que no nos veíamos.

—He estado liado —después de lo de Miriam necesitaba estar solo, había puesto tantas esperanzas en ella—, sobre todo arreglando la casa que me dejó mi tía. Quería ponerla a mi gusto y ya sabes cómo son la obras.

—¿La cabaña junto al lago? —Pedro acaba de llegar, acompañado de Marcos, y ya está metiendo las narices—. ¡Menudo picadero! Seguro que las tías caen como moscas. —¿Siempre ha sido así de cerdo o es que el amor me está cambiando?—. Anda que no te habrás llevado ligues allí.

Demasiados. La verdad es que siempre he tenido bastante éxito con las mujeres, pero lo único que busco es alguien con quien compartir mi vida. No entiendo por qué es tan complicado.

—Alguno que otro. —Le sigo el juego, no tiene la culpa de haberse estancado en la adolescencia—. Pero he sentado la cabeza.

—¿De verdad? —No me sorprende el interés de Marcos. Si alguno puede entenderme es él, que se casó a los veintipocos y fue padre  enseguida—. Cuéntanos más.

—Al principio no me decidía, es mucho más joven.

—¿Cuánto? —Pobre Pedro, se muere de envidia.

—Muchos y no vais a sacarme nada más. No sabéis lo persuasivas que pueden ser las chicas de hoy en día. —La primera vez que la vi se coló en mi cabeza. Después me la encontraba en todas partes, fingiendo ignorarme con esa provocativa timidez—. Al final me lancé. —Cada vez me arrepiento más de la discusión, definitivamente voy a comprarle flores, un ramo enorme con esos tulipanes blancos que le encantan—. Estamos viviendo juntos.

—Es genial, se te ve feliz. —Sabía que Marcos se alegraría—. Lo siento, chicos, pero tengo que ir a recoger a mi hija al entrenamiento. No queremos que vuelva sola a casa. Ha desaparecido otra chica y aún no han encontrado a la primera. Miriam, cómo era, ¿Ribera? 

—Rivas —corrijo—. ¿Es que no va a parar de llover nunca?

Solo oír su nombre hace que toda la alegría se esfume. Lo intenté con todas mis fuerzas, pero ella nunca ponía nada de su parte. Siempre llorando y quejándose de que echaba de menos a sus padres. ¿Es que yo no era suficiente? Al final terminó mal. Con Sandra las cosas serán distintas. Tenemos una relación sólida, tanto como las cadenas que he instalado en el sótano. El amor no volverá a escapárseme.


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