Rak... rak... rak... Podía oír los engranajes de mi cabeza girando obsesivamente en torno a la idea. Fui directamente al grano. Me lo iba a sacar de en medio rápidamente... "¡Eh! ¡Chaval! ¿Qué hay...?" Pero el muchacho apartó la caja de mi vista mirándome con odio. Insistí "¿Ves esto?", abrí mi mano y le mostré un billete de veinte dolares. El niño bisbiseó algo incomprensible. Chasqué los dedos impertinente: "¡Eh! ¡Son veinte!, ¡para ti! Solo quiero saber lo que... Mira, tenía esta llave en la mano cuando me desperté. ¿No me viste aquí tirado? Es mi caja". "No, es tu llave, la caja es mía", respondió. Eché un vistazo a mi alrededor. ¡Vaya pedo! Casas destartaladas de madera y una larguísima calle de tierra apisonada. Se oyó un kikirikí distante, amanecía. "¿Dónde están tus padres? ¿Eh?". La caja era de metal, pintada de verde selva. Miré la llave detenidamente, una studmaker de doble hoja. Demasiada llave para aquella mísera caja de lata. ¿La cogí por eso? Mi cabeza. ¡Argggg! Traté de agarrarlo sorpresivamente, el niño siseo como una cascabel furiosa y se alejó sin darme opción.

Me levanté. A mi mente acudió un recuerdo borroso de los matones del Sr. Cósimo dando una tunda a Joe. Su descapotable y la caja en el asiento trasero. "A ver, nené, estás metiéndote con un tipo peligroso ". El chico se rió despreciativo. Luego señaló mi mano. Levanté la llave que tintineó en la argolla y añadí: "Mía".

El mocoso era un bandido de pelo ralo, negro y una boca desdentada. Me recordaba a mí juventud. Me habló con atrevimiento: "¿Por qué la quiere? ¿¡qué hay en la caja!?". ¿Por qué la quería? ¿Codicia? ¿Curiosidad? "Se la robé a unos tipos". "¿Hay dinero, eh?", respondió rápidamente. Maldito mocoso. "No", mentí. "Pesa... Seguro que hay oro... o una pistola" dijo. No tenía ni idea de qué habría dentro, pero el oro me vendría bien para irme del país. A quién se le ocurre meterse con Don Cósimo. Nadie en el barrio se atrevería ni a pensarlo. ¡Ahaaa! Me iba a explotar la cabeza: "Psch... Te daré 40, no tengo más... Y te libras de la paliza". El golfo pareció dudar. "Dinero en mano", insistí.

 El chico se acercó a por los billetes. Pensé que lo tenía, pero en realidad solo quería estar lo suficiente cerca como para arrancarme la llave de los dedos. Lo hizo sin dificultad. Maldita resaca. "¡Bastardo! ¡Te cogeré!". No, que va. No iba a poder cogerlo.

Estuvo un buen rato riéndose a mi costa, bailando por toda la calle. Lanzándome piedras y presumiendo de su botín. Cuando caí al suelo jadeante, me insultó por última vez y desapareció por una estrecha callejuela. "Mi caja", suspiré. ¿Qué habría en la maldita caja? Nunca lo sabré, pensé. Entonces, oí bum. No era mi cabeza. Una nubecilla de humo negro ascendió por detrás de las casas. Me carcajeé, soy un malnacido afortunado.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Rak Pyro's @dopidop hace 3 meses

    Probando, probando... a ver si esto funciona... :P
    Cuando leí este relato en su día me llamó la atención que empezabas con mi nombre jeje, me encantaron las onomatopeyas!!

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 3 meses

    XD Pues sigue el bug


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