Desperté con un sollozo que llenó la habitación. Mi último sueño se había limitado a mirarme dormir desde mi subconsciente, con los ojos abiertos, mientas entraban los últimos rayos de sol. Uno de esos sueños en los que no terminas de dormir. El sollozo se fue amplificando hasta que empezó a tirar de la pernera del pantalón una mano, con poca fuerza, con esfuerzo limitado. Tras, tras, y mis dos hijas habían aparecido en mi habitación, con un paquete rasgado en la mano. Lo reconocía perfectamente, aunque en mi sueño no aparecía más que la llave que tenía en la mano. Seguía en el mismo lugar que antes, y ahora mis hijas la miraban como la última clave para encontrar un tesoro. Yo era la equis. Quizá también ayudase a resolver el motivo de que tuviesen la cara roja de llorar.

─ ¿¡Qué hay en la caja?! - la pequeña de las dos me tiraba del pantalón, como si eso le fuese a dotar de ventaja en su pelea.

─ ¿Habéis leído lo que pone en la nota?

Ambas asintieron. Parecía que tenían la misma capacidad de disputa que de perspicacia.

─ En realidad Lili no sabe leer ─dijo la mayor─ pero le he explicado que papá decía que no iba a volver. Y que lo que estaba dentro era el culpable. ¿Quién tiene la culpa?

─ Mamá, ¿quién tiene la culpa? ─ Lili empezó a agarrar el pantalón con las dos manos y se metió la pernera en la boca. Mientras babeaba , me miraba más fijamente y daba patadas contra el suelo.

Plaf, plaf, plaf. La llave se me cayó de la mano sobre la moqueta. El sonido se asfixió mientras Lili daba patadas nerviosas contra el suelo y María la cogió, sacando el cofre de la caja. Naranja, de madera, con el dibujo de una iglesia ortodoxa y grabado de forma basta, como con un cuchillo "Spokoynaya Noch", se abrió, mientras una bailarina emergía, dando vueltas sobre un muelle oxidado y la música sonaba meclada con el clac de los engranajes que movían a la figura. Justo detrás de la bailarina, una fotografía de dos mujeres abrazadas, aunque hace tiempo que no me reconocía en esa foto. Las niñas no volvieron a preguntar nada.

 Lili me soltó, silenciosamente, dejando el rastro de babas en el pantalón. Se acercó a su hermana, y ambas se abrazaron, para empezara a imitar a la bailarina, mientras reían a carcajadas. 

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